domingo, 17 de octubre de 2010

¿Qué es lo gótico?

Cierto es que he andado un poco perdida, dejándome llevar por algunas cosas muy mundanas, como estar atenta a certámenes, audiciones, ciclos y algunas cosillas más (humanos somos) dejando, un poco, de lado ésta temática que siempre me ha interesado mucho: lo gótico.
Haciendo un repaso de estos dos últimos meses, y antes de que mi mentor (el intangible Dr. Zaud) me levante el dedo de la reprimenda, retomaré a partir de hoy la historia de la Cultura Gótica, recreando los datos y citas del exquisito investigador Gavin Baddeley.
Con ustedes… ¡El Principio!

¿Qué es lo Gótico?
Gótico. Esta palabra designa algo más que una joven subcultura, una tribu urbana, una estética siniestra o un género literario. Alude también a un enfoque filosófico “una visión del mundo”, según dijo el novelista irlandés J. Sheridan Le Fanu, en su libro “Las criaturas del espejo”; es el cosmos en negativo, invertido: lo extraño y espeluznante son sólo lugares comunes, mientras que el día a día es algo en verdad misterioso y extraordinario. Aquí, lo oscuro y lo amenazador poseen un irresistible encanto, mientras que la normalidad y la vida acomodada sólo prometen hastío y decadencia. Los polos opuestos que son el sexo y la muerte están unidos en un exquisito matrimonio grotesco. La inocencia y la virtud son atesoradas sólo como un pergamino virgen, sobre el cual se pueden escribir los signos del pecado con gruesas pinceladas de sangre y oscuridad de medianoche.
Es ese mismo mundo crepuscular que, entre autodestructivos ataques alcohólicos, describió el maníaco depresivo poeta victoriano James Thomson en su doloroso y largo poema The City of Dreadful Night, de 1874. Es ese mundo de tinieblas y pesadillas que Thomson usa como metáfora de un infierno que se esconde bajo la superficie de la ciudad y también del espíritu. Un siglo después, el periodista Luke Jennings exploró esta misma metafórica metrópolis de la medianoche en un artículo de 1999 publicado en el periódico londinense Evening Standard. Como escribió Jennings, si durante el día la industriosa ciudad representaba la “mente consciente”, la ciudad nocturna representaba su “subconsciente”. No obstante, como la psique o cualquier otra incontrolada región humana, la ciudad nocturna era un lugar peligroso y temible. Dejando al margen los trances como los robos, la sífilis y los chantajes, el transeúnte de aquellas oscuras y apartadas calles podía fácilmente encontrarse cara a cara con su propia verdad.
La ciudad de la atroz noche, sombra de nuestro mundo actual, no se limita a una época o a un lugar. Es ese Londres victoriano embrujado por la niebla, temeroso bajo el cuchillo de Jack el Destripador. Es el París de fin de siècle un glorioso infierno bohemio de burdeles y clubes de opio y hachís, donde los libertinos y los poetas se reunían para brindar por su propia condenación. Es el Berlín de los años veinte, donde borrachos de ojos enrojecidos bailaban y bebían en su intento desesperado de ahogar el acechador sonido de las botas militares. Es ese Los Ángeles del último tercio del siglo XX, la “Ciudad de la noche” de Jim Morrison, una fábrica de sueños más bien proclive a producir pesadillas.
Ese reino del crepúsculo es, precisamente, el de las noches previas a la “caída del muro”, el que yo misma  he presenciado, en la ciudad de Berlín de 1989.

Ahora, humildemente, te propongo que te unas en éste recorrido al corazón de la oscuridad…

martes, 5 de octubre de 2010

tenues

Están pasando por debajo de mi ventana, los veo claramente:

Solitarios, caminando por las calles, descalzos y vestidos de pobreza, con los labios azules por el frío, y los ojos oscuros de tristeza.
Desgastados de dolor, sin pan ni mesa, con la boca repleta de pedidos, con las manos vacías... y con llagas.
Son nuestros crucificados de cada día, con los brazos en señal y sin palabras, bañados en sudor en sus desiertos, poblados de incertidumbres y de chapas.
¿Quién te condena, hermano de la calle? La infausta caída de las leyes, las estafas, la impericia y los gritos, los que mienten en todas sus campañas...
Te hacen recorrer todos los barrios vistiendo tu sayal y sin sandalias, condenado a las sobras que se tiran, aferrado al madero de tu vida, coronado de indigente, sangrando por tu herida irreparable y vendido por unas monedas escasas.
Lo peor es que de alguna manera nos dan miedo
Y pienso:
Ya no sé. No entiendo más nada de éste mundo. Se me antoja un calvario diseñado en noches ilegítimas. Pasando una y otra vez la misma película inclemente.
Hambrienta sociedad mortificada, que sigue soñando y no despierta, esperando un salvador inexistente…

jueves, 23 de septiembre de 2010

cold in blue

¿qué quieres decir?
voy a decir muy poco
¿qué quieres hacer?
ocultarme entre tu lenguaje
¿por qué?
porque tengo miedo

jueves, 9 de septiembre de 2010

aves nocturnas

Celebra el ruido de esas
aves aleteando,
conjuro de los días homicidas
esperando en silencio abierto
que busques su nuca
con tus dedos,
y talles sus lóbulos
con tu lengua.
Y esa ansia exótica y oscura,
que borda de nácar la mueca
en sus comisuras…
Caravana, la de tus manos,
que predice peñones,
ojivas, montes y quejidos.


Condena irremisible:
es esa la mujer filosa
que en cada madrugada,
mece tu sangre con pericia,
y amas mucho más,

cuánto más la odias.

jueves, 26 de agosto de 2010

Las Alas del Deseo

Cine de Culto:
Der Himmel über Berlin (Cielo sobre Berlín) ó (Las Alas de Deseo) - [1987]

Dirección: Wim Wenders
Producción: Anatole Dauman Wim Wenders
Guión : Peter Handke Richard Reitinger Wim Wenders
Música: Jürgen Knieper
Reparto: Bruno Ganz Solveig Dommartin Otto Sander Curt Bois Peter Falk Hans Martin Stier

Una película que nadie debería obviar. Aqui les comparto un trailer...



jueves, 5 de agosto de 2010

agosto

Uno comienza a escribir

por la noche
para no morir:
un café, un cigarrillo
y esa paciencia de absoluto
que no se puede ejecutar.
Tal vez haya sido la música
el benefactor de la tarde
el silencio, no obstante,
se ufana en la piel.
A esa hora la vida es un hábito
y uno se da cuenta
que puede morir como cualquiera
que dejó la vida a medio hacer
creyéndola inagotable.
Qué oscura es la ciudad
cuando amanece
cuando laten las sienes
porque sabemos.
La pasión es algo distante
demasiado ajeno
demasiado falible,
sin embargo recordamos los días
en que le creímos
en que la vimos
cruzar la oscuridad
y enamorarnos.
Y uno vuelve a escribir
por la mañana
-costumbre pausada-
y otra vez nos queda
la escritura y el silencio:
ese grito constante
que a nadie le importa.
Victoria feroz de la experiencia.

A todos nos alcanzan
las flechas de algún dios.